viernes, 8 de mayo de 2015

Para conocerla un poco más

Biografía no oficial

Cuando era chica pensaba que para el año 2005 todos nos trasladaríamos en naves espaciales individuales y aquí estamos, todavía en colectivo. Por eso no hay que tomarse muy en serio mis predicciones. A los nueve años, sin embargo, escribí una poesía donde especulaba sobre mi futuro profesional y anticipaba tres posibilidades: bailarina, domadora de leones o escritora. Al menos acerté en una.
Sin embargo, tardé mucho en llegar hasta ahí. Primero me recibí de traductora literaria de inglés, luego circulé unos años por los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras (también a veces por las aulas) y finalmente decidí dedicarme al periodismo. Llevaba unos quince años haciéndolo cuando un día escribí un cuento para mi hija (entretanto me había ocupado de otras cosas, entre ellas tener una hija). Luego escribí otro y luego otro. Descubrí que esto me gustaba mucho más que todo lo que había hecho antes. Entonces me animé con una novela. Y siguieron otras.
Me gustan los libros, el café, mi familia, las caminatas por la playa, el color violeta y las charlas con mis amigos. Odio levantarme temprano, las multitudes, el olor de los repollitos y que me cuenten el final de las películas. Así soy, más o menos.

Biografía oficial

Andrea Ferrari nació en Buenos Aires en 1961. Se graduó como traductora literaria de inglés, aunque luego desarrolló su carrera profesional en el periodismo y durante más de veinte años trabajó en diversos medios gráficos argentinos.
Entre los premios que ha obtenido, figuran el Barco de Vapor de España (2003), por El complot de Las Flores (Ediciones SM) y el Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2007 por El camino de Sherlock (Alfaguara). Asimismo, El hombre que quería recordar fue incluido en la selección White Ravens 2006 de la Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich. Dos de sus libros integraron las listas de “Los destacados de Alija” en la categoría novela: La noche del polizón (2012) y Zoom (2013).
Es también autora de las novelas Café soloLa rebelión de las palabrasTambién las estatuas tienen miedoAunque diga fresasEl círculo de la suerteEl diamante oscuroEl increíble KamilNo es fácil ser WatsonLa fábrica de serenatasNo me digas Bond y Los chimpancés miran a los ojos.

lunes, 4 de mayo de 2015

¿Quién se anima a contarla en el aula?


Para saber un poco más del Timbó

ESCUCHEN CON ATENCIÓN LA VERSIÓN DE LA LEYENDA DEL TIMBÓ



¿QUÉ DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS ENCONTRARON?

Una leyenda más


Para releer la Leyenda del TIMBÖ
Dibujo: Angelo CalameraEn pleno corazón de la selva guaraní se alza gallarda la copa del Timbó, ese árbol que todas las primaveras ofrece su fruto de color negro, curiosamente parecido a la oreja humana. Acerca de él, los guaraníes narraban una conmovedora historia, símbolo del amor paternal.
Tacuareé era su nombre, melodioso y entrañable como su belleza; era la hija de Saguaá, un cacique que extendía su poderío por las selvas paraguayas y cuyo amor por su pequeña era tal que se desvivía día y noche por satisfacer cada uno de sus deseos.
La hermosa indiecita crecía en gracia e inteligencia y llegó el día en que se enamoró perdidamente. Pero una gran tristeza le oprimía el corazón: su amado era un guerrero de una tribu lejana, enemiga de la de su padre. Fue entonces cuando Tacuareé tuvo que decidir y así lo hizo: seguiría a su guerrero. Pero, sintiéndose incapaz de enfrentar el dolor que iba a causar a Saguaá, convino con su amado que partirían sin avisarle.
La desesperación envolvió con su manto gris al atormentado cacique, quien, tras descubrir la ausencia de su hija, se internó en la selva cegado por la angustia, gritando y llorando el nombre de Tacuareé, e hiriéndose con las zarzas a cada paso, pero insensible al dolor que le causaban porque todos los males le parecían pequeños en comparación con aquel que le desgarraba el corazón. Y, en su delirio, creía sentir los pasos de su adorada hija. Por eso, se arrojaba al suelo y, con la oreja pegada en la hierba húmeda de rocío, ansiaba escuchar la llegada de su pequeña.
Así continuó Saguaá, hasta que la muerte cerró sus párpados en la esperanza de reunirse alguna vez con Tacuareé.
Tras varios días, los indios de la tribu hallaron finalmente el cuerpo yacente del cacique. Pero cuál no sería su sorpresa al querer llevarlo al campamento y descubrir que su oreja estaba adherida a la tierra; y al intentar separarla quedaron maravillados: ¡la oreja de Saguaá había echado raíces!
Con esta historia, un poco triste, pero llena de poesía, los indios guaraníes explicaban el origen de ese árbol misterioso al que llamaron cambá nambí, que significa oreja negra y que conocemos con el nombre de timbó. ¤




Andrea Ferrari en la Feria del Libro


¿Qué libro tiene en el escritorio para firmar?

sábado, 2 de mayo de 2015

Mayo un mes de leyenda.


Anahí tiene su canción.


ANAHÍ
Anahí, las arpas dolientes hoy lloran arpegios
que son para ti.
Anahí, ¿recuerdan acaso tu inmensa bravura
reina guaraní?
Anahí, indiecita fea de la voz tan dulce
como el aguaí.
Anahí, Anahí
tu raza no ha muerto, perduran sus fueros
en la flor rubí.


Defendiendo altiva tu indómita tribu
fuiste prisionera;
condenada a muerte, ya estaba tu cuerpo
envuelto en la hoguera,
y en tanto las llamas lo estaban quemando
en roja corola se fue transformando.
La noche piadosa cubrió tu dolor
y el alba asombrada
miró tu martirio hecho ceibo en flor.

Anahí, las arpas dolientes hoy lloran arpegios
que son para ti.
Anahí , recuerdan acaso tu inmensa bravura
reina guaraní.
Anahí, indiecita fea de la voz tan dulce
como el aguaí.
Anahí, Anahí
tu raza no ha muerto, perduran sus fueros
en la flor rubí.

1º de mayo "Día del TRABAJO"